| Los nuevos paradigmas del desarrollo minero |
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Frente a los nuevos escenarios y cambios en las percepciones sociales, las empresas actuales enfrentan, básicamente, tres desafíos: 1. Generar valor para el accionista en una etapa de altos niveles de competitividad, violentos ajustes mundiales de precios y costos, producto de los saltos tecnológicos, de la circulación de grandes masas de capital a la velocidad de la luz y, a la cada vez más compleja y fragmentada estructura de los mercados, todos hechos que aumentan el riesgo y la incertidumbre internacional. 2. La necesidad de tramitar confianza a consumidores e inversionistas en un período en que se han producido escándalos corporativos, fraudes contables en lo privado y casos de corrupción en el ámbito de lo público, ofreciendo respuestas que ayuden a consolidar una imagen reforzada de responsabilidad, transparencia e integridad ética de las empresas. 3. La suscripción expresa de compromisos empresariales con su entorno ambiental y ciudadano, de manera de contrapesar los diversos elementos que están provocando inseguridad internacional, entre ellos grupos “antiglobalización”, ciertos nacionalismos y fanatismos religiosos. Asimismo, las empresas enfrentan la exigencia de actuar proactivamente: en la materialización de tareas que delimiten las consecuencias de las actuales desigualdades sociales y la presencia de atentados terroristas, que ponen en la mira el poder de las grandes empresas y Estados, suscitando desconfianzas respecto de su quehacer y sustentabilidad. En este entorno, la Gran Minería suele realzar aportes a la comunidad de las regiones en las que opera, así como a sus trabajadores: mediante beneficios, donaciones, generación de empleos, etc. La responsabilidad social de la Empresa Minera La responsabilidad social de la empresa se apoya en tres aspectos: Primero, es una acción voluntaria, automotivada, no impuesta, de la empresa como organización y una nueva manera participativa y flexible de hacer negocios, que redunda en un complemento positivo de la función social indelegable de los gobiernos y en una mejoría de la gestión económica de la compañías. Segundo, la responsabilidad social está dirigida a compatibilizar la eficiente administración económica, como condición sine qua non para su supervivencia, con el estricto cumplimiento de la serie de “contratos éticos” sociales y políticos –no sólo económicos- que la empresa establece en una sociedad dada, con arreglo a la moral y costumbres que en ella prevalecen. Tercero, la empresa espera de la gestión en responsabilidad social beneficios racionales –medibles- que colaboren con la materialización de los objetivos básicos de la empresa -función motivo del emprendimiento-, tanto como resultado del aporte realizado, como de su eficiente administración y complemento significativo, e incluso más –imagen, razón de ser, integración- cuando los aportes que la compañía realiza constituyen un “algo más” respecto del citado cumplimiento de los contratos sociales y políticos que haya suscrito con las comunidades en las que se desenvuelve.
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