| Turismo minero: La Carolina, San Luis |
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Caminar por las viejas calles de tierra de La Carolina es un viaje en el tiempo. A 80 kilómetros de la ciudad de San Luis, se erige este antiguo pueblo entre sierras puntanas y un paisaje natural inigualable. Luego de varios años de inactividad, la mina de oro La Carolina abre sus socavones y túneles al turismo para que pueda contemplarse los metales y minerales que aún siguen impregnados en la corteza terrestre. Esta mina convocó a miles de trabajadores que llegaron a fines del siglo XIX con sueños de oro donde construyeron sus casas de piedra y se asentaron en el lugar. El descubrimiento de esta mina, a fines del siglo XVIII, desató una irracional fiebre de oro en Argentina. En el año 1792, el gobernador de Córdoba y Tucumán , marqués de Sobremonte, intervino las minas para resguardar el orden social y económico y fundó la villa real que se llamaría La Carolina, en homenaje al rey Carlos III de España. Cabe recordar que en el Virreinato del Río de la Plata, San Luis pertenecía a esta intendencia. En aquellos años, el auge de la minería aurífera restó importancia a la actividad pastoril y ganadera que se venía llevando a cabo en este pequeño pueblo. Su pico máximo fue en 1882, de la mano de una empresa extranjera que pudo llevar adelante la inversión para la explotación industrial. Hoy viven 250 habitantes y es uno de los lugares turísticos más apreciados de la provincia de San Luis. Cerro Tomolasta De este cerro se realizaba la actividad extractiva aurífera, hoy miles de turistas tanto nacionales como extranjeros la visitan para contemplar el paso de la historia y realizar expediciones guiadas a las viejas minas, caminatas por los cerros o actividades náuticas por el amarillento río La Carolina -de este color debido al arrastre de minerales de oro. La expedición es de lo más aventurera, ya que hay que adentrarse en los socavones cual minero para poder contemplar las entrañas del cerro y las perforaciones que dejan ver algunas vetas del metal más codiciado del mundo. Asimismo, en la Mina Buena Esperanza se aprecian las herramientas de trabajo de los mineros, y cómo la tierra se fue apropiando de su espacio con el transcurso de los años dejando fallas geológicas, estalactitas y estalagmitas de diversos colores. El turismo minero está bien organizado, para recorrer el interior de la mina los aventureros llevan cascos con linternas y botas de goma además de guías especializados que resguardan la aventura con su conocimiento de los socavones y la enriquecen narrando historias mineras.
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