| La minería ayudará a vivir mejor |
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Durante décadas entidades oficiales y privadas han focalizado sus actividades en explorar las tierras argentinas para localizar reservas cuantificables de minerales que puedan ser explotables; esto es, convertirse en productos útiles para el desarrollo del país una vez desenterradas. Tomó más de 50 años hasta nuestros días posicionar a la industria argentina en el concierto mundial de la gran minería. Hoy, existen diversas explotaciones mineras de diversos tipos de minerales y también de diferentes escalas: desde pequeñas, medianas hasta explotaciones grandes tanto en tamaño como en las décadas en que se extiende su actividad productiva. El crecimiento de la actividad minera tiene y tendrá un efecto de “derrame” y “productividad” en las vastas tierras desérticas y montañosas del oeste y del norte al sur de la Argentina que crean oportunidades y posibilidades de crecimiento para diversos asentamientos poblacionales que no tienen recursos ni oportunidades para tener una vida digna. Claro está que la actividad minera tiene que ser regulada con una rigurosa legislación de preservación de los recursos del agua, suelo y aire para controlar, preservar y, eventualmente, remediar el medio ambiente. Es de esta manera que un desarrollo ambientalmente sustentable puede generar efectos de “derrame” preservando las generaciones futuras y también abriendo nuevas oportunidades productivas a diferentes sectores de la población. Esto permite bajar el índice de desocupación laboral y pobreza aumentando las posibilidades de crecimiento social y económico de Argentina y de cualquier país que encare su productividad respetando los puntos clave del desarrollo sustentable y redistribuyendo la riqueza para que todos los sectores de la sociedad puedan vivir mejor. Estimulando la producción de un país es que se pueden bajar los índices de pobreza ya que permitirá la generación de empleo y el crecimiento social. En este sentido, el ingeniero de minas Guillermo E. Preisz indica que necesitamos comprometernos a: • Ocupar los desiertos en base a sus recursos naturales ya sean renovables o no renovables como los minerales y rocas explotables. • Implantar en las vegas artificialmente pasturas (existen ejemplo en San Juan y Catamarca en las minas Veladero y Bajo de la Alumbrera donde la crianza de guanacos protegidos de los cazadores ha crecido desde unas pocas docenas, a varios centenares en un período de unos 4 años). • Aprovechamientos energéticos: viento, agua de pequeños riachos y arroyos y aguas termales. • Exploración y posterior explotación de recursos mineros cuando la exploración resulte exitosa. • Trazado de caminos que acorten las distancias. Muchos de ellos se realizan al acceder a las zonas a explorar o a las minas. • Creación de asentamientos poblacionales pequeños que eviten, en alguna medida la emigración obligada a los grandes centros urbanos instalando escuelas, centros asistenciales de salud, comunicaciones fluidas, (teléfonos, internet, energía eléctrica). • Crear y fomentar quehaceres que impliquen elaboración de productos generadores de más mano de obra. • Realizar una mejor distribución territorial con el propósito de que no hayan amontonamientos de población, no deseados. • Evitar asentamientos, directamente sobre las costas de ríos y arroyos, que son proclives a que se arrojen todo tipo de desechos en ellos contaminándolos.
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