San Juan y Sarmiento: pasado, presente y futuro de una Tierra Minera. PDF Imprimir Correo electrónico

"Hoy las minas son el fuego que conduce a los pueblos

al desierto para poblarlo; y como requieren

inteligencia, civilizan a la par que pueblan”

(Domingo Faustino Sarmiento)

Argentina parece ser un hombre atrasado en el tiempo. Extempóraneo y sin memoria. Como si el pasado (rico en pensamiento, fructífero en ideas, duro en experiencias) fuese solo palabra muerta y estática en un manual de ensañanza primaria. Argentina insiste en olvidar lo que la hizo grandes, y a quienes pensaron su progreso.

Días atrás una solicitada publicada en varios medios del sector recupera el pensamiento productivo de Sarmiento. Productivo en varios sentidos: porque produce ideas para la acción en términos filosóficos y políticos; productivo porque piensa una matriz productivo-económica para el país.

Sarmiento pensó en la minería y su potencial hace mas de un siglo y medio, y su desarrollo es envidiable. Percibió de manera correcta su tiempo y el por-venir. Lo hizo con interés en la grandeza de la Nación, no impuso su interés personal. Supo que la minería era una de las grandes herramientas para el crecimiento de muchas provincias que quedaban fuera de un modelo absoluto (el agrícola).

Sarmiento fue un revolucionario, un hombre que se adelantó a su época y luchó contra los prejuicios de la misma en tanto perjudicaban al país. Fomentó la minería como una forma de crecimiento de todos para todos, porque un país crece cuanto todos crecen. La Nación fue recreada de una forma vital y (casi) prospectiva.

Un pensamiento productivo

Dice la solicitada realizada por un co-terráneo de Sarmiento: “Hace más de un siglo y medio, el gran sanjuanino murió batallando por desarrollar la minería de su provincia -nuestra provincia- contra los intereses de los testaferros pagados por el poder financiero internacional, los grandes terratenientes: de la pampa húmeda, los políticos corruptos, los funcionarios ignorantes y una opinión pública porteña encandilada por las luces de la modernidad pero indiferente a la miseria de sus hermanos de provincia. En el reino del trigo y las vacas, Sarmiento aprendió que los dueños de la joven Argentina imaginaban la minería como cosa de brutos, de gentuza remota que sobrevivía a duras penas entre el desierto y la montaña, uno y otra tan distantes del glamour parisino o la sofisticación londinense.”

La mirada de quien redacta la solicitada es visceral. Es la de una persona que siente su provincia, y la postergación. La imposición centralizada. Sarmiento entendió que el país no podía decidirse desde el poder central sino que cada provincia debía comprender su situación y tener capacidad para explotar su potencial.

El modelo agro-exportador tuvo consenso durante mucho tiempo, pero fue un consenso paradójico: impuesto a las provincias, condenadas al silencio. Dice la solicitada: “curiosamente, todos ellos estaban de acuerdo, tal vez porque en eso de denostar a la industria minera ya en aquellos tiempos daban por sentado que la izquierda y la derecha unidas jamás podían ser vencidas. Tenían razón: así fue por más de 160 años, y una vez más, así intentan que vuelva a ser hoy. Los mismos intereses, los mismos buitres posados en las mismas alambradas, los mismos métodos de descrédito y falsedad, los mismos energúmenos hablando de lo que nunca han visto y condenando a quienes nunca se han molestado en conocer.”

El impulso de hoy se modificó y la carta lo dice de manera enérgica: “ahora los sanjuaninos no vamos a quedamos callados. ¿Sabe por qué? Porque no estamos dispuestos a perder lo que hemos venido ganando con el sudor y el trabajo de nuestra gente, especialmente los más pobres. Porque no estamos dispuestos a ver otro éxodo de 200.000 comprovincianos hacia tierras que les permitan sobrevivir dado que aquí no tienen cómo hacerlo. Porque no estamos dispuestos a ver cómo aparecen de nuevo las villas en nuestra provincia y el hambre en nuestras mesas. Y por todo eso, tampoco estamos dispuestos a soportar tutores morales de cartón pintado que vengan a imponernos qué debemos hacer con nuestros recursos, especialmente cuando lo hacen con los ojos cerrados, los oídos tapados, la panza llena y a 1.200 kilómetros de distancia. De los 90.000 kilómetros cuadrados de nuestra provincia, sólo el 3% son valles con potencialidad agrícola. El restó es piedra, es desierto, es cerro, es nada. Porque no hay agua. Esto significa que difícilmente haya alguien en el mundo más interesado que nosotros en cuidarla, porque sabemos mejor que nadie que el agua es la diferencia entre la vida y la muerte. Por eso hemos apostado por la minería.”

Lo cierto es que los sanjuaninos no pretenden aceptar la minería a cualqueir precio: quieren una Minería Sustentable. Eligen, sí eligen:“la Nueva Minería, la única que consentimos y apoyamos. Una industria sustentable que -como en decenas de países altamente desarrollados- es capaz de generar progreso respetando tanto los recursos naturales como el patrimonio humano, ambiental, cultural y étnico de las comunidades donde se desarrolla. Tenemos derecho a hacerlo. Lo decimos con todas las letras porque Sarmiento nos enseñó de federalismo, señalando que las provincias son anteriores a la Nación y que si bien la República se constituye a través de facultades que las provincias depositan en la Nación, esto no implica que deleguen poderes ni, mucho menos, su incuestionable soberanía sobre los recursos que poseen.”

Cuán importante es la opinión de un ciudadano, porque observa su presente y el de quienes lo acompañan hoy, y quienes serán el futuro de la provincia; o sea nada menos que sus hijos. ¿Estarían dispuestos entonces a dejarles una tierra arrasada por una minería feroz? Nada mas alejado a esto. La gente ama su tierra porque le pertenece a ella. Por este simple motivo, la defensa de la minería es desde abajo, es horizontal, no se puede minimizar el apoyo señalando despectivamente que las empresas compran conciencias.

En rigor, tal como sentencia la solicitada: ”el 14 de julio recién pasado sancionamos por unanimidad de todas las fuerzas políticas provinciales nuestra ley de Glaciares, y ocho días después firmamos el decreto reglamentario que dejó constituido el Consejo de Protección de Glaciares, integrado por un representante de cada sector político provincial. Es verdad: no hay peor sordo que el que no quiere ver. Nos enfrentamos a gente ignorante pero -peor aun- la gente necia. Gente que está ciega a lo que cientos de miles de sanjuaninos están dispuestos a mostrarle, y sorda a lo que cientos de miles de sanjuaninos están dispuestos a decirle. Gente que por incultura o ideología se niega a saber sólo porque la verdad no coincide con sus propios prejuicios.”

Para finalizar, es nodal para el crecimiento sostenido del país comprender un pensamiento como el de Sarmiento, quien bregaba por el desarrollo minero y por el crecimiento social de las provincias argentinas, mas allá que puntualmente en esta nota nos ocupemos de San Juan. Sarmiento estudió su provincia pero la pensó en el marco de un país próspero en toda su extensión.

El presente de San juan cambió de la mano de la industria minera. Como reza la solicitada:“aún hasta hace unos pocos años, San Juan era una provincia que se veía pequeña y pobre, prácticamente terminal, acorralada contra las montañas y abandonada a. su propia suerte. Pero ya no. Hoy San Juan se yergue sobre sus propios pies, lidera las estadísticas de desarrollo económico, es ejemplo de transformación social y modelo de integración entre lo público y lo privado. Con humildad y tesón, una a una fuimos sacando las piedras del camino y una a una vamos a seguir haciéndolo, cambiando lo que haya que cambiar y mejorando cuanto pueda ser mejorado. Pero sin agachar la cabeza ante los que nos quieren dictar cátedra de moral con los ojos vendados por más de 1.200 kilómetros de lejanía, sin preocuparse ni darle crédito a lo que quieren y necesitan quienes viven de y en esas tierras. Y si de soluciones facilistas se trata, les proponemos que nos den sus llanuras y trigales y que a cambio ellos intenten sobrevivir sin minería en nuestros cerros. San Juan es y será Tierra Minera. La historia está de nuestra parte. Y el futuro también. Soy Minero. Somos el pueblo de San Juan. Sarmiento vive en nosotros.”

 

 
Asóciese al Desarrollo de la Minería Sustentable

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