| La actividad minera como complemento estratégico al modelo agrícola-ganadero |
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Argentina nació como un vergel, “el granero del mundo”, la apodaron los más optimistas y contentos con el lugar que tenía el país en la división internacional del trabajo: la cosmovisión dominante era el liberalismo. Otros, los menos optimistas, muchos de ellos inmigrantes que venían de países más industrializados no coincidían con esta postura, ya que veían un desarrollo superior y un mayor valor agregado en la producción masiva de materiales manufacturados. Los más radicales y críticos, la llamaron “el potrero del mundo” y sólo creían en una industrialización masiva y proletaria. Argentina nació con la insignia agrícola-ganadera. Una postura industrializadora y algo nostálgica por la decisión de un país que catapultó su futuro en el área rural podría ser un argumento para la minería de hoy, sin embargo hay que buscar una solución superadora: un país que se desarrolle con una base agrícola-ganadera y con una fuerte minería a su lado. Un modelo win-win, sin exclusiones, con complementariedad, con búsquedas de sinergias, sin rivalidades estériles. Una mirada panorámica que habilite a pensar en modelos híbridos y posibles, ni la pureza radical (Agro vs. Industria), ni la utopía de buscar formas imposibles. Colaboración entre actividades El imaginario acerca de Argentina como un país en el que el campo es vital sigue siendo fuerte y estableciendo beneficios para el país, entonces su anulación en manos de una industrialización radical es poco real en el presente. De ahí que la propuesta tenga que ver con concretar un derrotero de alianzas, de convivencia pacífica y de crecimiento para el país. Tanto el campo como la minería permiten plantear una cuestión a nivel nacional bastante interesante y que aún perdura desde el nacimiento del país: el federalismo. Un país concentrado en su capital precisa de industrias y desarrollo comercial para el Interior, y eso es lo que tanto el agro como la minería –sobre todo con su ancho desarrollo en los últimos años- han ofrecido. Ambos modelos, lejos de enfrentarse deben colaborar. La minería ha crecido en su participación en el PBI Nacional de 0,4 por ciento hace doce años a 1,5 por ciento en 2008, desde su despegue a fines de la década del noventa. Y esto le ha dado un aire fundamental a las provincias del interior y a algunas de las zonas más postergadas. La minería en la Argentina es posible que se siga desarrollando bajo una base agrícola o agro-industrial. La posibilidad de un modelo de país que busca su desarrollo en alternativas que tiendan a la sinergia entre actividades es uno de los caminos a transitar para lograr un crecimiento estable. En el marco de la crisis internacional la oportunidad de mostrarse como un país sólido que posea varias aristas productivas puede significar un punto a favor. El reposicionamiento mundial del oro como activo estratégico imprescindible en el propósito de construir y proteger la seguridad económica y financiera de los países, permite pensar en profundidad la gran oportunidad que se le presenta a la minería aurífera en la Argentina. Miradas
La minería, en este contexto, emerge como un factor clave para el desarrollo. Y su entente con el modelo agrícolo-ganadero también abreva en un marco que dé lugar a desarrollar el potencial del país. Un rol específico, regulador, presente del Estado, empresas sólidas y con filosofías empresariales al son de la RSE, y la coordinación de las políticas públicas tanto a nivel nacional como regional, son también llaves táctico-estratégicas para abrir el cofre del desarrollo sustentable. De manera que, profundizar un modelo exige abordar soluciones hacia el interior de lo social: la inclusión, el trabajo comunitario, el desarrollo de proyectos que tengan que ver con la capacitación profesional, así como también es importante lograr una mayor concertación social. Que la minería, al mismo tiempo, logre ampliar la presencia decisional en el modelo de desarrollo nacional también es clave; y su aporte a nivel mundial en el proceso de reconstrucción global del capitalismo resulta también fundamental. Para concluir, Argentina puede seguir creciendo y aprovechar las nuevas oportunidades que un mundo en crisis le presenta. Para ello, contar con industrias sólidas y que trabajen de manera complementaria es un capital que vale y mucho. Contar con instrumentos que den lugar al crecimiento, la competitividad y la inclusión social son buenos argumentos para lograr una mejor calidad de vida para el conjunto de la sociedad. |
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