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En el contexto tensionante que vive la minería nacional, renace una pregunta: ¿la sociedad argentina sabe de minería? ¿conoce de qué se trata esta actividad?, ésta y otras preguntas salen a la luz en un momento en que la sociedad reflexiona (o al menos pareciera buscar hacerlo) acerca de su modelo productivo. Lo cierto es que se han construido muchos mitos alrededor de la minería, y por lo general éstos encubren detrás de su apariencia la verdadera naturaleza de la industria. De acuerdo con Pablo Marcet, Máster en Geología de la Universidad de Harvard, esta actividad tan básica como necesaria es escasamento conocida en el país. Por el potencial que el país ostenta y por sus tempranos referentes,recién en los últimos años se empezó a generar en esta superficie logros modestos. “El buen presente de la minería mundial está ayudando a la incipiente minería argentina a despegar. No obstante, las propuestas de nuevos proyectos han chocado con inesperados focos de oposición. El debate necesario para resolver estos conflictos se dificulta por la enorme difusión de exageraciones y falsedades relacionadas con el negocio minero” señala Marcet con precisión, y no sin un dejo de frustración por los extremos límites con los que se está jugando. La transformación minera: cambio de paradigma Lejos de la imagen decimonónica de la minería, en los últimos años la actividad se ha transformado de manera rotunda. Tal como explica Marcet “cualquier definición de minería moderna será necesariamente arbitraria pero dos cambios ocurridos en el siglo XX son esenciales para entender la minería de hoy. El primero fue un cambio en los procesos de producción y procesamiento de los minerales, que permitió aumentar la escala de producción y convertir en mena (definición de roca con valor económico) a la roca que hasta ese entonces había sido considerada estéril (o sin utilidad económica). Estos avances tecnológicos permitieron recuperar metales desde concentraciones naturales 3 a 10 veces menores que antaño y, al reducir costos, se lograron precios reales cada vez más bajos para los consumidores.” Si ponemos la cuestión en la línea de tiempo podemos identificar que la década de 1920 resultó “emblemática por haberse logrado la aplicación comercial del proceso de flotación para producir concentrados metalíferos. En las décadas de 1970 y 1980 la minería mundial comenzó el segundo proceso de transformación, que se centró en temas considerados secundarios hasta ese entonces. Aún cuando se siguió, y se sigue, innovando en los frentes de tecnologías mineras, de procesos y de logística, esa transformación surgió desde las áreas de seguridad industrial y cuidado del medio ambiente.” Lo expuesto enriquece el debate porque pareciera que, para sus detractores, la minería permanece detenida en materia de innovación y perfeccionamiento. Sin embargo, la preocupación por mejorar los estándares de calidad se mantiene como un horizonte irrenunciable. “Hasta la década de 1970 la minería registraba índices de seguridad industrial -medidos en frecuencia y gravedad de accidentes- alarmantes. Al igual que en otras industrias, el estudio y el cuidado del medio ambiente no eran prioritarios y los pasivos ambientales se acumulaban. Por distintos motivos, en parte por la implementación de nuevas regulaciones, pero principalmente para mejorar la competitividad, algunas compañías mineras comenzaron un proceso en el que la seguridad y el medio ambiente ganaron rango en las prioridades y en los objetivos estratégicos de cada negocio.”
Por esto se insiste en la actualidad en la idea de “minería sustentable o responsable”, en la medida que muchas industrias comenzaron a transitar un camino que habilita a pensar los procesos productivos de una forma mas conservacionista. Tal es así que repone Marcet la idea de perfeccionamiento: “en poco más de diez años la minería metalífera internacional mejoró sus índices de seguridad hasta ser comparables con los sectores más seguros de la economía. También se desarrollaron tecnologías y sistemas de gestión ambiental de vanguardia. El ingreso de mayor cantidad de mujeres a la industria ayudó a acelerar este proceso. Fue uno de los más notables y silenciosos cambios de paradigma en el sector.” Si este tipo de avances no es reconocido para debatir la industria hoy, entramos en un plano de discusión equivocado. La minería comenzó un proceso de “autoconocimiento” y mejoró de manera notable sus procesos alcanzando la vanguardia respecto de otras industrias. En suma, el paradigma productivo se modificó para entrar en sinergia con el ambiental de manera de que los impactos sean nimios. El peso de la historia Si bien el país generó grandes expectativas las mismas “nunca se tradujeron en una producción relevante a escala mundial o, incluso, regional. Hoy, la combinación de una gran riqueza geológica con un marco normativo que, lejos de ser perfecto, es equilibrado, hace que vuelva a vislumbrarse un potencial importante para la producción minera.” Si bien Marcet identifica tres mojones históricos para comprender la situación actual: “(1) Código de Minería de 1887; (2) Ley de Inversiones Mineras de 1993; y (3) Fracaso del proyecto de Esquel en 2003”, nos centraremos en observar los dos últimos. Fue la denominada Ley de Inversiones Mineras y las modificaciones al Código de Minería sancionadas entre 1993 y 1995 las que ofrecieron a Argentina un territorio nada despreciable en el mapa minero mundial. “Las dos herramientas principales de esos cambios fueron: la estabilidad fiscal por 30 años para los nuevos proyectos de inversión y la implementación de una ley, la primera de su tipo en el país, para que todo proyecto de exploración o explotación minera requiera la aprobación de un estudio de impacto ambiental.Con la adhesión unánime de todas las provincias, estos cambios, que fueron, en líneas generales, copiados de los países mineros del primer mundo, lograron que algunos proyectos que estaban en carpeta desde hacía décadas se desarrollaran finalmente y que la exploración minera en Argentina renaciera”, destaca Marcet. Ahora bien, promediando marzo de 2003 se generó un contramoviemiento, ya que la población de Esquel (Chubut) se inclinó en contra de la minería en un plebiscito respecto del desarrollo de una mina de oro en un paraje cercano a esa ciudad. “El 81% de la población votó en contra del proyecto y, aunque el plebiscito no fue legalmente vinculante, la mina no pudo ser. Hasta ese entonces, la incipiente minería argentina había gozado de una clara aceptación como generadora de puestos de trabajo, especialmente en zonas deprimidas a lo largo de la cordillera de los Andes.” Desde ese momento en adelante se fueron generando, según Marcet, “muchos de los mitos que se escuchan hoy se generaron y difundieron desde ese momento.El rechazo al proyecto de Esquel, en el que participó activamente la organización Greenpeace, se centró, fundamentalmente, en cuatro premisas y acusaciones: 1. La teoría del saqueo. Se insistió en que los desarrolladores extranjeros del proyecto no sólo no pagarían impuestos sino que, además, el Estado les pagaría por llevarse el oro fuera del país. 2. La teoría de la contaminación de las aguas con cianuro, sustancia que, se dijo, estaba prohibida para usos mineros en el primer mundo. 3. La teoría del impacto visual. Se afirmó que el proyecto haría desaparecer la cadena de cerros que enmarcan la vista desde Esquel. 4. La acusación de que, ya en las actividades de exploración, la compañía había contaminado un curso de agua local, el Arroyo Amarillo, con sustancias tóxicas.” Lo cierto es que todas estas premisas y acusaciones resultaron ser comprobadamente falsas. Pero, como bien explican los estudiosos de los mitos y las leyendas, éstos no funcionan por su cercanía a la verdad, si no mas bien su propia difusión, claramente vinculada a una matriz irracional. Desmitificando la minería De manera estratégica e inteligente, Marcet tomó los mitos que se edifican en derredor de la minería y se encargó de someterlos a contraste con la realidad en pos de verificar su verdad. A. Las empresas mineras no pagan impuestos Esta es una de las armas principales de los críticos de la minería, y esta frase es tan impactante como encubridora de mistificadora. Dice Marcet: “es difícil descifrar de dónde proviene tal desinformación y fácil verificar que las empresas mineras pagan la misma alícuota de ese impuesto (actualmente 35%) que empresas de cualquier otro sector. La única diferencia en el caso de las mineras, por la naturaleza riesgosa y de largo plazo de sus inversiones, es que esa alícuota no puede ser modificada desde el inicio de un proyecto minero durante 30 años. Esto es parte de la llamada estabilidad fiscal que rige para cada proyecto. B. La minería a cielo abierto está prohibida en el primer mundo Contundente esta afirmación como asimismo su imprecisión. “Es difícil dar con una estadística mundial sobre el tema pero es válido decir que más del 90% de la minería mundial proviene de minas a cielo abierto. El resto, por supuesto, corresponde a minas subterráneas” responde Marcet.Veamos por caso que sólo en Estados Unidos, de las 34 minas más grandes del país, 32 son minas a cielo abierto y 2 son mixtas, con una parte a cielo abierto y otra subterránea. Según el mito,“la minería a cielo abierto arrasa sierras enteras y destruye ecosistemas en cientos o miles de kilómetros a la redonda”. En cambio, la realidad indica que en países de gran tradición minera como Australia y Estados Unidos, “el área afectada por todas las operaciones mineras, históricas y actuales, ocupa el 0,26% y el 0,40%, respectivamente, de la superficie de cada país.” Marcet trae un caso ejemplo en nuestro país, “en este caso la no-metalífera, actualmente se acusa a los productores de piedra y de caliza de las sierras de Tandil de pretender arrasarlas y modificar el paisaje de manera catastrófica. Pero los datos indican que la actividad minera de esa zona -canteras en actividad más ampliaciones en estudio- ocupa un total de 53 hectáreas sobre 60,000 hectáreas de sierras (menos de 0,001% de la superficie).” Pero el mito indica que el primer mundo no hace minería a cielo abierto, y sin embargo países de la envergadura de Australia, Canadá y Estados Unidos permiten demostrar lo difundido del método de explotación minera a cielo abierto. “Los tres países figuran entre los cinco mayores productores y exportadores mundiales de casi todas las sustancias minerales comunes, desde cobre, plata, uranio, níquel, oro y hierro, hasta bauxita, aluminio, azufre y carbón. El método que predomina, por lejos, es la explotación a cielo abierto.” En rigor, según el geólogo “una de las grandes ventajas de las minas a cielo abierto tiene que ver con los trabajadores mineros. Generalmente es más seguro, saludable y agradable trabajar en una mina a cielo abierto que en una subterránea.” C. La minería del uranio es especialmente dañina Los datos que arroja la realidad son indisutibles: “Canadá, Kazajstán y Australia son los tres principales productores de uranio del mundo. Estados Unidos, que fue un gran productor hasta la década de 1970, está hoy octavo en ese ranking. Brasil, en el puesto 17, es el único país de América Latina entre los 20 primeros productores mundiales (datos de 2008). Ninguno de estos países, ni de los que actualmente producen uranio, han registrado accidentes que justifiquen el mito.” Marcet sostiene que, por lo general, “la minería del uranio no utiliza ningún método diferente de la minería de otras sustancias. Sí es cierto que se utilizan protocolos de muestreo y de exposición al mineral para proteger a los trabajadores mineros de la radioactividad, en especial la de elementos asociados al uranio ya que este suele tener muy baja dosis de radioactividad en la naturaleza. Cada vez hay una mayor proporción de la producción que proviene de minas que operan con el método de lixiviación in-situ. Esto implica extraer el mineral sin la necesidad de excavar una mina, simplemente disolviéndolo directamente de la roca y recuperándolo a través de pozos similares a los de agua. Entre otras ventajas, este método elimina la necesidad de grandes depósitos de colas (mineral de rechazo en el proceso industrial) y reduce la exposición de los trabajadores a los accidentes y a la radioactividad natural del mineral.” A saber: otro mito derribado desde la inteligencia y el saber! D.La minería es incompatible con el turismo y la agricultura Este tema fue largamente tratado en este Boletín, y cada día se esclarece mas que las industrias lejos de incompatibilizar pueden sinergizarse. Esta teoría puede ser fácilemente desarticulada mediante el proceso de contrasete. Es decir, veamos qué acontece en otros países respecto de la convivencia entre las diversas industrias:en palabras de Marcet “Chile, Australia, Nueva Zelanda, Canadá, Estados Unidos y Sudáfrica ofrecen ejemplos de este tipo. En cada uno de estos países coexisten desde hace décadas las tres actividades y sus productos son altamente competitivos en los mercados internacionales.” El caso del estado de California es ejemplar en tanto es quizá la jurisdicción minera más ambientalista del mundo. “En el valle de Napa, famoso por su producción de vinos de alta gama y un destino turístico infaltable en cualquier visita al norte de California, operó, desde 1985 hasta agotarse el mineral en 2002, la mina de oro McLaughlin. Como la mayoría de las minas de oro modernas, esta utilizó el método de explotación a cielo abierto y recuperó el oro mediante el proceso de lixiviación con cianuro. Durante la operación de la mina siguieron, y siguen aún hoy, floreciendo la agricultura y el turismo en toda la región.” Dejemos crecer a la minería que crecemos todos La minería ha ofrecido sobradas muestras de su potencial, y también de su responsabilidad, y también está claro que hay seguir progresando y mejorando en muchos aspectos. No obstante, muchas de las trabas que hoy recibe suelen tener poco que ver con factores intrínsecos a la industria, sino mas bien con una postura “anti”. Señala Marcet, asimismo, que “la apertura a las modernas formas de desarrollo e inversión mineras de las últimas décadas se ha visto deslucida en los últimos años por una opinión pública inundada de mitos.” Estos mitos desgastan el saber sobre la industria y ayudan a confundirlo todo. “La comunidad –repone Marcet- le está dedicando recursos a debates estériles y esto impide o demora las deliberaciones constructivas para generar cambios allí donde la minería necesita mejorar: infraestructura, mayor transparencia y efectividad en el uso de fondos públicos, falta de mano de obra calificada y de proveedores locales competitivos, mejorar los sistemas de información pública sobre controles ambientales, etc.” Es importante resaltar que uno de los factores estratégicos tiene relacion con las relaciones con la comunidad. Porque “la comunidad minera internacional logró un verdadero cambio de paradigma al incorporar como valores esenciales, y no negociables, a la salud, la seguridad y el cuidado del medio ambiente. Otra parte de ese esfuerzo la constituyen las relaciones comunitarias. En este nuevo frente, el de las relaciones de las empresas mineras con las comunidades cercanas y grupos de interés, los resultados han sido menos alentadores.” Para concluir las palabras de Marcet son elocuentes: ”como todos los que aman a su profesión, los mineros tienden a ser apasionados y orgullosos de lo que hacen. Están -estamos-, además, orgullosos de los logros de la industria, muchas veces en situaciones difíciles de aislamiento geográfico, condiciones climáticas extremas, falta de infraestructura, Estados ausentes u obstaculizadores y una opinión pública que se ha tornado hostil. Los que saben de comunicación dicen que los mineros deben abrirse más para que esa opinión pública deje sus prejuicios y conozca al sector como realmente es. Para lograr ese objetivo es imperativo indagar más allá de las opiniones, concentrarse en las evidencias y, así, desterrar los mitos.”La asunción del Marcet como parte de la minería (ese “nosotros” que utiliza para enunciar) demuestra su compromiso. Esperemos que el nuestro tambien constituya un aporte mas para que la minería esté mas cerca de todos y para que todos crezcamos de su valor.
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